Este fin de semana perdí dos partidos en fútbol.

Sonará orgulloso y un poco arrogante, pero no estoy acostumbrado a perder; en general me entrego al 100% para evitar una derrota y me ha dado resultados óptimos… hasta ahora.

Hay distintas formas de afrontar una derrota. Puedes quedar absolutamente enojado por la situación; puedes tomarlo con paciencia y reconocer que el equipo rival fue superior; también puedes culpar al resto de tu equipo por el bajo nivel mostrado, y auto-convencerte de que no tuviste responsabilidad en el resultado.

He pasado por todas éstas, y la mejor forma de aceptar la derrota es reconociendo tus propios errores y reconocer los errores del equipo. Asumir que las circunstancias no fueron las óptimas para lograr un resultado mejor y, lo más importante, analizar los errores para no volver a repetirlos.

Ésto se aplica a muchos ámbitos de la vida (de hecho casi siempre); así que no me digan que el jugar fútbol no me ha servido en lo absoluto.

He creado una lista de objetivos a alcanzar.

¿Para qué la he creado? Siento que necesito tener muy visibles mis metas; siento que sufro problemas de concentración en mis tareas, y cuando veo mis metas logro enfocarme mejor en ellas.

También creé una lista de objetos materiales que deseo tener, como se comenta en el libro “El Secreto”. Una vez lo hice y me resultó bastante bien; había puesto un notebook (que parecía prácticamente imposible tenerlo), un mp3, zapatos de fútbol, etc.

Hay personas que no necesitan tener visibles sus metas; basta con que las tengan en mente. ¿A qué se deberá esta diferencia? Algunos le llaman madurez.

Pasando a otro aspecto distinto, me estoy sintiendo viejo. Ya no me siento tan adolescente, y me irrita cuando me corrigen algunas cosas como si fuese un niño. Tengo ansias de independencia, pero aún mis anhelos están relativamente frustrados.

Todo esto (me percaté) es porque estoy mirando más a largo plazo. Mis metas apuntan a unos años más, no a los próximos meses.

En fin. Espero cumplir con mis metas.

Muchas veces he escuchado el dicho “cosechas lo que siembras”. La mayor parte de las veces lo tomaba como unas palabras que tomaría en cuenta en mucho tiempo más, pero ahora me percaté que en estos momentos estoy cosechando muchas de las cosas que hice.

La cosecha no siempre es lo que uno espera. A pesar de los esfuerzos que realizamos las cosas no siempre salen del todo bien, o bajo lo planeado. Cierta vez un profesor me comentó que un buen ingeniero no debe dejar detalles al azar, es decir, se deben tomar las providencias del caso si es que existen problemas en la planificación inicial. Ahora, asumiendo que siempre queremos tener bajo control gran parte de los aspectos de nuestras vidas, es interesante pensar en qué punto detenernos y dejar que ciertas variables no sean controladas… es decir, darle cierto grado de riesgo o incertidumbre a nuestra planificación.

¿Hasta qué punto podemos controlar nuestra siembra? En ocasiones existen pequeños detalles que marcan completamente nuestra siembra (por ejemplo, cuando conoces a una persona) para bien o para mal. Y a pesar de querer sembrar de manera correcta, no obtenemos los resultados esperados. Es decir, obtenemos una mala cosecha.

En particular he tenido una buena cosecha en estos días. Siento satisfacción porque de una siembra pequeña obtuve una cosecha grande; de hecho, ni siquiera sabía que había sembrado. Otras cosechas fueron acorde a lo esperado, y queda una buena sensación de gratificación. Se siente que estás haciendo bien las cosas.

En todo momento estamos sembrando nuestras semillas. Conocemos gente, tomamos decisiones, influimos en la conducta de otros, bromeamos en distintos tonos, afectamos nuestro entorno en general. Tomando en consideración este punto, y sabiendo que a futuro obtendrás una cosecha, ¿cómo actuarás?, ¿te será indiferente la cosecha?.

Por ahora mejor voy a dormir. Mañana seguiré sembrando buena semilla.

Últimamente me gusta estar solo y sentir el agradable silencio a mi alrededor.

Por lo general trabajo de 11pm a 3am, en la tranquilidad de mi pieza. Pongo música agradable a mis oidos y comienzo a desencolar tareas de la lista eterna de cosas por hacer.

De hecho, me molesta que me distraigan durante este período de tiempo. Me desagrada en extremo que invadan ese momento único de privacidad completa, de concentración máxima.

Ahora, esta sensación se está trasladando para otros instantes de mi vida. He tratado de abstenerme del contacto con el mundo, pero dado el ritmo de vida que llevo me es imposible hacerlo; es necesario mantener contacto con el resto del mundo.

Creo que voy entendiendo a los ermitaños cuando se aíslan del mundo. Es un paso muy grande el desprenderse de todo lo que nos rodea y remitirse a vivir en lugares olvidados por el hombre; en lo personal me costaría desprenderme de las comodidades actuales existentes.

Quizás necesito vivir solo por un tiempo y saciar mis ansias de soledad. Quizás después de eso tenga ganas de seguir compartiendo con el mundo.

Hice el sano ejercicio de googlear mi nombre o mi login. Los resultados fueron los esperados… twitter en los primeros lugares, junto con u-cursos. Sorpresivamente, mi cuenta en facebook aparece en el cuarto lugar (esperaba el primer lugar).

Si quisiera yo supervisar mi información disponible, tal vez dejaría mis números de contacto o información relativamente “positiva” sobre mi. Sin embargo, Google cataloga la información según sea el “poderío” del sitio que visito (he allí la lógica por los primeros lugares) y no según sea mi propia preferencia sobre ésta. Cabe la pregunta entonces, ¿Debería yo poder “seleccionar” el acceso del mundo a mi información?

Claramente esto es casi imposible, dado que si cada persona quisiera esto en el mundo sería prácticamente inmanejable. Por ahora, lo único que nos queda es “filtrar” la información que se desea mostrar al mundo.

Hace poco hice el sano ejercicio de filtrar la información que poseo en Facebook. Imagino si mis empleadores futuros tienen acceso a información que me deja en desventaja o bien como una persona poco contratable… por supuesto, suena un poco paranoico pero en un futuro me parece que no lo será tanto.

Por ahora, lo que puedo hacer es revisar que la información pública sobre mí y sobre la cual tengo control sea fiable y no me deje mal parado.

Hoy supe una noticia de boca de un amigo que me preocupó bastante, ya que está en una situación muy delicada.

Hace tiempo que no sentía esa ‘angustia’ por situaciones ajenas a mi. ¿Es normal sentir esa angustia?

Cierta vez escuché que el hombre es esencialmente egoísta en sus comportamientos. Claramente esto es  cierto en muchas circunstancias, pero en esta situación en particular…  ¿será una actitud de egoísmo?

Sigo preocupado por su situación, y no es egoísmo a mi parecer.

Analizando desde otro punto de vista, puede ser que el bienestar de mi amigo sea suficientemente importante para mí; por ende, es una actitud egoísta porque de todas maneras me preocupo de asuntos que son relevantes para mí.

En la educación media comenté que yo soy “el centro del universo”, dado que las acciones que yo realizo son importantísimas para mi entorno. Aún pienso lo mismo, aunque hayan planetas que sean trascendentes para mí.

Leyendo esto otra vez, suena a egoísmo puro.

Escuchando mi música (bastante variada) me puse a reflexionar: ¿Por qué se tiene preferencia por determinadas canciones?

Claramente esto depende del estado de ánimo de cada uno. Cuando estás melancólico prefieres música romántica. En el gimnasio colocan música tecno. Cuando viajo en mi bicicleta prefiero escuchar punk… siento que me canso menos.

Tiempo atrás escuchaba a un profesor, que en realidad era músico, comentar que la frecuencia de las notas principales de las canciones afectaba el comportamiento humano, tanto como el tempo de éstas. Así, canciones que tienen muchos Mim o Solm cambian el estado de ánimo de las personas las vuelve mas estresadas y nerviosas (es cosa de escuchar a Metallica simplemente, y su tempo que no es un adagio precisamente).

¿Habrá algún estudio que muestre este efecto en las personas? Acabo de googlear buscando algo de información infructuosamente.

De todas formas, la música que escucha determina tu estado de ánimo actual. O bien, la música que escuchas ahora determinará tu estado de ánimo en los próximos instantes. Sabiendo esto, ¿qué música escucharás tu? Yo ahora escucho música de los 80′s.  Debería existir un catálogo para determinar cómo anda mi ánimo hoy (algo así como un “biorritmo musical”).

¡Hola mundo! Inicio esta aventura de bloggear. No se si será por moda, por necesidad de escribir o por simple curiosidad.

Lo hecho, hecho está. Acá vamos.

Qué terrible. Pensar que cuando tenía como 14 años lo veía como una edad completamente lejana, asociada a madurez y a logros profesionales. Tengo 24 años y este 2009 cumplo 25.

No quiere decir que no tenga logros… sólo que tal vez esperaba estar trabajando o bien con una vida de trabajador, no de estudiante.

Es extraña la mirada que se tiene sobre los rangos de edad. Recuerdo que cuando pequeño (tipo 8 o 9 años) me complicaba el hecho de no estar pololeando: sí, era tímido con las mujeres. Cierto día encontré la respuesta: No tenía que preocuparme a esta edad, seguramente a los 14 años ya estaría pololeando. Vaya que estaba equivocado.

Cierto profesor de cierto ramo nos hizo hace unos días un ejercicio: imaginar cómo estaremos en 5 años más. Esto sería a los 29-30 años… ¿qué se espera de uno a esta edad?

Me veo trabajando, viviendo en un departamento sólo o con mi pareja. Tengo un auto, una moto y puedo darme ciertos lujos. Trabajo en una empresa y gano el dinero suficiente. Ayudo a mis padres con algunos gastos, y estoy juntando dinero no se para qué, pero lo estoy juntando.

¿Qué tan cercano a la realidad estará este pensamiento? Quién sabe.

Calendario de actividad

marzo 2012
L M X J V S D
« ago    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Actualizaciones en Twitter

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.